dejar de gritar a los niños

¿Cómo dejar de gritar a los niños?

Dejar de gritar a los niños es algo que nos planteamos alguna vez en la vida, tanto como padres como en la docencia. Recuerdo a un compañero de la clase de al lado. Un maestro admirado y respetado por sus alumnos. Sus interacciones con los niños eran, en general, excelentes. Pero había ocasiones en que su voz retumbaba, interrumpiendo el silencio, y se escuchaba el golpe seco de la puerta del aula.

Si estábamos hablando, todos nos quedábamos quietos y callados. Los enfados no duraban mucho, pero me causaban tristeza. Sabía que no era su estilo habitual. Cuando se encendía ese interruptor, su comportamiento cambiaba.

Y si se parecía a mí, seguramente se sentía mal después. Cuando la ira se desvanece, a menudo queda la vergüenza. Perder el control nunca es un motivo de orgullo. Sin embargo, yo he logrado mejorar con el tiempo. Quiero compartir lo que he aprendido y estudios de otros profesionales que han logrado reducir el tono de su voz. Es muy importante dejar de gritar a los niños.

¿Cómo podemos evitar levantar la voz en el aula? ¿y en casa? Les dejamos algunos consejos que pueden ayudarnos para ponerlos en práctica.

Apartados de la publicación
  1. ¿Por qué necesitamos dejar de gritar a los niños?
    1. Mala gestión del autocontrol
    2. Desensibiliza a los niños
    3. Disminuye la probabilidad de obtener respeto
    4. Intimidación, nunca es buena
    5. Genera un ambiente de ansiedad
  2. Dejar de gritar a los niños. Primeros pasos
    1. Identifica tus propios detonantes
    2. Realiza chequeos constantes contigo mismo
    3. Revisa y modifica tus pensamientos
  3. ¿Qué hacer cuando siento que voy a gritar a los niños?
    1. Acércate para dejar de gritar a los niños
    2. Prefiere el silencio y la concisión en vez de gritos
    3. Busca una alternativa para dejar de gritar a los niños
    4. Imagina que te graban para dejar de gritar a los niños

¿Por qué necesitamos dejar de gritar a los niños?

Comprendamos primero por qué gritar no es una estrategia efectiva para lidiar con la indisciplina. Una vez entendamos esto, podemos mejorar mucho y será positivos para nosotros como docentes o padres.

Mala gestión del autocontrol

Nuestra meta diaria como educadores incluye demostrar un autocontrol respetable. Es nuestro deber enseñar a los niños a manejar situaciones estresantes, la ira y los conflictos de una manera saludable. Esto no se logra solo con palabras, debemos dar el ejemplo. Levantar la voz no es un ejemplo de cómo manejar el estrés de manera saludable.

Desensibiliza a los niños

Si acostumbras a elevar la voz para manejar situaciones desafiantes, los alumnos o tus hijos comenzarán a ignorar tus niveles normales de voz. Los gritos cada vez más intensos y frecuentes harán que se habitúen a este tono, obligándote a gritar aún más para obtener su atención. Esto es un círculo vicioso que debemos evitar.

Disminuye la probabilidad de obtener respeto

Hay estudios que muestran que los adolescentes criados por padres autoritarios y punitivos, que incluyen los gritos en su repertorio, tienden a ver menos a sus padres como figuras autoritarias legítimas. Siguiendo esta lógica, si actúas de forma autoritaria con tus alumnos o tus hijos, es probable que ellos te respeten menos. El aparente respeto ganado a través de gritos podría ser solo una fachada.

Intimidación, nunca es buena

El trato entre niños es un tema de gran importancia en la educación moderna. Si bien hay programas para cambiar comportamientos y actitudes, nuestra conducta como maestros o padres puede influir significativamente. Un estudio sugiere que las aulas en las que el profesor utiliza un enfoque autoritario pueden favorecer el surgimiento de la intimidación entre los niños y niñas.

Genera un ambiente de ansiedad

No necesitamos estudios para probar que los gritos alteran el ambiente en el aula o en casa, generando ansiedad no solo en el destinatario del grito, sino en todos los presentes. Este clima de tensión puede afectar el rendimiento académico de los alumnos o la tranquilidad en casa, ya que su necesidad de sentirse seguros supera su deseo de aprender.

Dejar de gritar a los niños. Primeros pasos

Para controlar el impulso de gritar, es vital prevenir las situaciones que te inciten a hacerlo. Aquí tienes algunos métodos útiles.

Identifica tus propios detonantes

Cada uno de nosotros tiene diferentes motivos que nos llevan a alzar la voz. Identifica esos detonantes y detecta las primeras señales de irritación. Tal vez te molesten las superficies pegajosas, el exceso de ruido o que los niños te interrumpan constantemente. Al identificar estos momentos, puedes anticiparte y evitar que se conviertan en una explosión de ira.

Realiza chequeos constantes contigo mismo

A menudo gritamos porque nos desconectamos de nuestras emociones. Una acumulación de resentimientos, frustraciones, e incluso el hambre puede llevarnos a perder el control. Si esto te suena familiar, introduce autoevaluaciones regulares en tu rutina. Tómate un tiempo para valorar tu estado físico y emocional, y si detectas que tu bienestar disminuye, actúa para revertir la situación antes de que te sientas abrumado. Recuerda que esto es muy importante para dejar de gritar a los niños.

Revisa y modifica tus pensamientos

Es probable que el origen de tus gritos esté en las creencias que te repites. Por ejemplo, puedes creer que si tus hijos no obedecen de inmediato cuando les pides que limpien su habitación, es porque no te respetan. Este tipo de pensamientos, a menudo inconscientes, pueden generar frustración e irritación. Es fundamental revisar y corregir estas creencias para manejar la ira de manera efectiva.

¿Qué hacer cuando siento que voy a gritar a los niños?

Si ya has tomado medidas preventivas, pero el impulso de gritar continua, estas estrategias pueden ser útiles para afrontarlo en el momento.

Acércate para dejar de gritar a los niños

A veces, simplemente nos gritamos por falta de energía para acercarnos físicamente. Quizá te sientas cansado o estés en medio de otra tarea cuando surge un conflicto. En lugar de elevar tu voz, prueba con acercarte a la persona o personas involucradas. Este cambio de proximidad no solo capta su atención, sino que también hace innecesario los gritos.

Prefiere el silencio y la concisión en vez de gritos

Cuando sientas la necesidad de gritar, intenta hacer lo opuesto: habla más bajo, incluso en un susurro. Esta técnica puede captar la atención de forma más efectiva y, además, refleja autocontrol. Limita también la cantidad de palabras, y opta por mensajes claros y breves en lugar de largos discursos.

Busca una alternativa para dejar de gritar a los niños

Si tiendes a gritar para traer silencio a la sala, explora otros métodos. Prueba con cuentas regresivas, señales con las manos o preguntas relacionadas con la lección para reenfocar la atención. Otra opción es girarte y escribir un mensaje en la pizarra. Cada persona puede encontrar su propio "truco" para mantener la calma.

Imagina que te graban para dejar de gritar a los niños

Este último consejo puede parecer inusual, pero es efectivo. Cuando sientas que un grito está a punto de surgir, imagina que estás siendo grabado para un programa de televisión. Reflexiona si te sentirías orgulloso de tu comportamiento al verlo más tarde. Este pequeño ejercicio mental puede ayudarte a controlar tus reacciones.

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