Escupir a los padres y madres en la adolescencia

Escupir a los padres y madres en la adolescencia es algo poco habitual. Si has llegado hasta aquí es por qué has vivido una situación desagradable con tu hijo o tu hija. Tras una discusión fuerte o un cumulo de circunstancias que han hecho que esa persona a la que quieres haya cambiado y se enfrente a ti de esa manera.

El hecho de escupir es algo culturalmente muy grave y antihigiénico. En nuestra cultura cuando una persona escupe a otra de forma intencionada indica el desprecio que sientes por ella. En otros países por ejemplo es un acto de admiración. Ese desprecio puede ser momentáneo o puede ser algo que se venga arrastrando desde hace mucho tiempo. Puede ser explosivo o puede ser en cada conversación que tengamos con nuestro hijo o hija adolescente.

Pensar en el desencadenante

En primer lugar, tenemos que pensar cual ha sido la causa de ese momento atípico que hemos vivido. Debemos pensar si ha sido algo que le hayamos causado en el momento o si es algo que le hemos ido removiendo a lo largo de los años.

También tenemos que pensar si nuestro hijo o hija está padeciendo algún problema, y el acto que acabamos de realizar ha sido el desencadénate de su reacción desbordante. En este sentido debemos ser conscientes de que a esta edad si no hemos construido un puente muy fuerte en la niñez, somos el eslabón más débil. Por lo tanto, es contra nosotros contra los primeros que van a explotar. Teniendo en cuenta estos tres posibles desencadenante tenemos que actuar de una manera u otra. No es lo mismo que sea reiterado a que sea una agresión constante hacia nosotros, o que sea desencadenado por un hecho ajeno al núcleo familiar.

Escupir a los padres y madres como acto agresivo en una ocasión

Si esto se ha producido por primera vez, estamos ante un acto al que tenemos que atender, pero que puede ser fácilmente solucionable. Nuestra recomendación es dejar un poco de tiempo para que el nivel de estrés se disuelva.

Como padres y madres también tenemos que pensar en el acto que ha desencadenado esta acción.  Nosotros y nosotras conocemos más que nadie a nuestro hijo o hija, y sabemos por que ha reaccionado así, como es su temperamento, su forma de ser.

Si estamos hablando de un chico o chica que es muy tranquila, y ante el acto, acertado o no que acabamos de realizar, explota, quizás tenemos que buscar la forma de que eso no se repita.

Si por el contrario estamos viendo a una persona con un temperamento fuerte, tenemos que ser consientes de que hay que esperar un poco mas para poder hablar con el o ella, y que probablemente no vaya a cambiar de idea sobre el acto que ha sucedido.

Por ello, tras dejarlo pensar, recomendamos tener una conversación con el o ella, en la que le expongamos nuestro punto de vista, con mucho cuidado de no volver a la discusión desencadenante del escupitajo.

Tenemos que ser coherentes en esa exposición, si tras pensarlo somos conscientes de que nos hemos equivocado hay que decírselo, pero también mostrarles que no nos ha gustado lo que ha pasado y su reacción. Los adultos también nos podemos equivocar. Si el temperamento de tu hijo o hija es fuerte, lo más probable es que se vuelva a producir la tensión, pero nosotros tenemos que poner la templanza y mostrar que no nos asusta hablar las cosas con el o ella por mucho que chille. Importante no levantar la voz nosotros por muchas ganas que tengamos.

Nos escupe con frecuencia como muestra agresiva

Si esto se produce asiduamente es más complicado de atajar. Estamos ante un problema de base, un problema que probablemente se ha ido fomentando desde que tu hijo o hija eran pequeños.

La forma de ser de las personas se va formando de los 0 a los 8 años. La agresividad empieza a aparecer ya en esa época, y es importante que tengamos las herramientas y el temperamento para erradicar esa actitud. De lo contrario en la adolescencia se producirán estas acciones con bastante frecuencia.

Pero esta claro que si estas aquí, es por que ya tu hijo o hija esta en la adolescencia y para atrás no podemos volver. Sin embargo, se esta a tiempo de provocar cambios en uno mismo, unos cambios que pueden repercutir en las otras personas.

En primer lugar, ante una persona que se muestra agresiva con nosotros, tenemos que mostrarnos fuertes. Su agresividad y su indiferencia se produce por que nosotros no hemos sido fuertes en el pasado. Nos han visto llorar, nos han visto perder los nervios con ellos y ellas, nos recuerdan débiles y desgraciados ante otras personas.

No es un cambio sencillo, pero lo podemos hacer. Lo mas sensato es buscar ayuda psicológica. No estamos locos, no tenemos un problema mental, simplemente estamos buscando las herramientas para ser más fuertes. Quizás esta sea la mejor recomendación que puedas tener. Existen algunos psicólogos voluntarios que ofrecen ayuda en caso de que no dispongas de dinero para eso, por lo que no es una escusa no tenerlo. Pincha en los siguientes enlaces si quieres conocerlos. Página 1, Pagina 2, Página 3.

Pienso que otro problema le ha hecho escupir

Para terminar, el hecho que muchos de nosotros podemos llegar a pensar, ya que solemos echar balones fuera. Sin embargo, en algunas ocasiones es cierto. El ser humano es un ser social, por lo que cuando estas relaciones no funcionan se pagan con las personas equivocadas.

En esta circunstancia de nada vale que nos enfademos con ellos y ellas. Simplemente tenemos que dejarlos pensar y relajarse. Después cuando estén mas tranquilos tenemos que encargarnos de relajar el acto que ha realizado. Al fin y al cabo, nuestro hijo o hija no suele hacer esas cosas.

Por lo tanto, tenemos que crear el ambiente para que los chicos y chicas nos cuenten que es lo que les ha pasado por la cabeza. Que es lo que les pasa para estallar. Si no quiere contárnoslo hay que respetar su privacidad, pero no cerrar la puerta por si en algún momento quiere decirnos que le pasa.

Ante el acto, como hemos dicho no tenemos que culpabilizar, pero si hacerles ver que lo que han hecho no esta bien. Estamos ahí para ayudarlos, pero solo cuando ellos y ellas lo quieran. En esta situación hay que mostrarse lo más empático posible, pero sin dejar de mostrarles que su acto fue desproporcionado.

En caso de que esto se produzca en más de una ocasión, tenemos que ir incrementando nuestra fuerza, ya que no podemos ser la bolsa de descargas del o de ella. Debemos proporcionarles las estrategias para resolver sus problemas con las personas que se los provocan. Si quieres conocer más sobre nuestro trabajo de pedagogía, te recomendamos que vayas al home page y busques el contenido que te interese. También puedes entrar en la pagina de artículos, para leer sobre este y otros temas.

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