Mi hijo se autolesiona o agrede cuando me enfado o le regaño.

¿Por que mi hijo se autolesiona o agrede cuando me enfado? ¿Qué puedo hacer yo para que esta conducta desaparezca? ¿Hago bien enfadándome con él? ¿Es culpa mía que se autoagreda cuando yo le regaño?

A todas estas preguntas vamos a tratar de dar respuesta en este articulo. Al gabinete nos llegan muchos padres con este problema. Aunque en muchos casos se trata de niños con TEA, os sorprendería la cantidad de niños con un desarrollo típico que recurren a esta acción cuando los padres y madres les regañan.

Cuando nos vienen con el problema de que su hijo se autolesiona cuando ellos se enfadan, tratamos de hacer una valoración del niño. Tras descartar el TEA, comenzamos un trabajo de estrategias con los padres, ya que en la mayoría de ocasiones se tratan de manifestaciones de manipulación hacia los padres y las madres.

En este articulo te vamos a explicar por que el niño lo hace, por que se autoagrede y cuales pueden ser las razones. También te vamos a dar algunas estrategias pedagógicas con las que solemos resolver estas conductas dentro del gabinete.

¿Por qué mi hijo se autolesiona cuando me enfado o le regaño?

Para dar respuesta a este cuestionamiento nosotros vamos a explicarles lo que solemos ver en el gabinete. Hablaremos desde la experiencia de otros niños y niñas. Lo primero que te recomendamos es que acudas a un profesional de tu zona para que valore a tu hijo y las causas por las que se produce esta autoagresión.

Dicho esto, debemos tener en cuenta que en la mayoría de los casos se produce la autoagresión de forma involuntaria. Sin embargo, detrás siempre hay una manipulación voluntaria. Partiendo de esa base debemos explicar de la forma más simple posible algunos procesos psicológicos de las personas.

En primer lugar, nos solemos encontrar con padres y madres a los que les cuesta mucho poner el limite. Suelen tener unas creencias muy solidas sobre una educación basada en el cariño y el amor hacia su hijo. Durante toda la vida del menos le han puesto pocas normas. Sin embargo, en algún momento han tenido que ponérselas y el niño o niña no lo concibe. La reacción más común suele ser el enfado y el no cumplimiento. Sin embargo, algunos niños no conciben esto y se autoagreden.

En segundo lugar, también nos encontramos con padres y madres con un perfil psicológico muy fracturado. Es lo que conocemos por personas débiles sin ninguna capacidad de liderazgo. El niño o la niña es la que tiene el poder en la casa. Ante cualquier intento de limite, reaccionan autoagrediéndose, atentando contra aquello que sus padres y madres más quieren.

Finalmente, un último perfil que vemos es el contrario al primero, padres y madres muy normativas, que provocan en el niño o la niña una presión que no pueden soportar. Su escape a toda esta presión suele ser la autoagresión.

¿Qué sucede en el niño o niña para pegarse?

Con estos tres grupos que hemos mencionado no culpamos a los padres y madres, sin embargo, es importante que conozcamos el estilo educativo que estamos llevando a cabo para comprender la actitud de nuestro hijo.

Son pocos los casos en los que los padres y madres lleven un estilo educativo democrático y su hijo o hija se autoagreda. Sin embargo, también los hay, y debemos ser consientes que esto puede suceder en cualquier familia.

Por lo general, en el niño se produce de forma involuntaria, en principio, una sensación desagradable que le lleva a pegarse para liberar su frustración. Sin embargo, también hay un segundo momento aprendido en el que se pega para bajar el tono de enfado del padre o la madre.

Cuando el niño se autoagrede el padre o la madre baja su enfado. Comienza su preocupación y por lo general olvida el motivo del enfado. Es inevitable que pensemos que mi hijo se autolesiona cuando me enfado, entonces trataré de enfadarme menos. Esto ocurre sobre todo en padres y madres con un estilo democrático o permisivo. También le pasa a los que psicológicamente no están bien.

En cambio, en los padres y madres con un estilo autoritario, el niño puede agredirse como modo de liberar tensión. El ser humano ante la tensión necesitamos liberarla de nuestro cuerpo. Pegándonos sentimos dolor. Si nos pega el otro sentimos rabia y el dolor nos libera en cierto sentido. Normalmente lo que ocurre con los padres y madres con estilo autoritario es que cuando el niño se pega ellos le dan una más fuerte, entrando en un circulo que es difícil de parar.

¿Qué puedo hacer si mi hijo se autolesiona cuando me enfado?

Tenemos que decir que en nuestro gabinete los niños y niñas que llegan con esta dificultad se agreden solo una vez. El trabajo lo suele hacer la psicomotricista relacional, pero también se apoya en la pedagoga.

Como les hemos dicho anteriormente, se trata de un proceso psicológico que se produce en el niño en respuesta a un acto del adulto. Una persona en principio más fuerte que el y con el que no puede a nivel físico. Por lo tanto, de forma inconsciente o consiente trata de vencerlo a través de la psicología. Para ello utiliza la agresión como modo de manipulación.

Cuando tu hijo se autolesione después de un enfado podemos utilizar diferentes estrategias. Sin embargo, con todas ellas lo primero que tienes que hacer es mantenerte en el enfado. No puedes cambiar tu actitud por mucho que el se autolesione. Cambiándolo lo único que conseguimos es que siga pensando que lo que hace va a arreglar las cosas.

La estrategia que más te va a funcionar es la extinción. Es decir, tenemos que poner el limite ajustado al acto que ha realizado. Cuando el niño o la niña se autoagreda, debemos dejarlo, reconocerle que esta enfadado, recordarle que ha hecho mal y marcharnos del lugar. El niño llorará, seguirá agrediéndose y con pataleta. Sin embargo, puede que lo haga 3 o 4 veces más, pero esta conducta desaparecerá.

Otras estrategias.

Para nosotros la mejor es la que hemos mencionado anteriormente. Sin embargo, hay niños y niñas que su nivel de autoagresión llega a niveles peligrosos. Ante ellos les recomendamos medidas un poco más drásticas.

Si eres un padre o una madre que piensa que el niño debe ser educado bajo un manto de amor y debe hacer todo lo que quiera. La principal estrategia que solemos dar es que cambies esa visión. El amor se puede expresar no solamente en la libertad. La educación desde una perspectiva democrática es la mejor, donde se ponen unas normas y el niño o la niña crece de forma sana y con unos valores que suelen trasmitirse de padres a hijos. Aunque es un modo de vida, la libertad total no siempre es lo que más te va a ayudar para educar a tu hijo o hija. Él no tiene capacidad psicológica para decidir lo que esta bien y lo que esta mal, y lo divertido casi siempre esta mal. Pero como siempre decimos, por suerte somos libres para hacer lo que queramos.

Otra de las estrategias, aunque menos efectiva que las anteriores, es pararlo. Debemos situarnos encima de él y hacerle una contención con mucho cariño, pero sin dejar a un lado el enfado. Para hacer una contención nos situamos encima del niño bloqueando sus manos, pero sin forzarlo, sin apretar, dejando que pase un tiempo prudencial. Aunque nos grite que le estamos haciendo daño, no lo hacemos. Debemos medir la fuerza.

Con la contención conseguimos que el niño baje su nivel de frustración y se calme. El proceso lo podemos comparar con el de un abrazo. En ocasiones necesitamos un abrazo muy fuerte para liberar tensión. A medida que se libera nosotros vamos reduciendo la presión.