Miedo al agua en los niños. ¿Qué hacer para que no lo tengan?

El miedo al agua en los niños cuando acuden a la playa o al mar desgraciadamente puede llegar a ser un gran inconveniente para los adultos. El comportamiento más habitual es que muestran un rechazo importante a entrar en el mar y tirarse a la piscina. Da igual el tamaño o que el mar este cerrado con un rompeolas.

El miedo es algo que no se puede controlar, y los padres deben tomar cartas en el asunto para que esto no vaya a más. Cuando este miedo se traslada a la bañera o la ducha, producen situaciones emocionales bastante duras.

Como adultos debemos ayudar a los menores a perder ese miedo, sin reaccionar enfadándonos ni echarles la bronca a los niños. Debemos pensar que es una situación que tiene fácil solución, y que el tiempo acabará por ayudarnos a que pierdan este miedo y dejen de mostrar rechazo.

En este articulo te hablaremos de lo que es el miedo al agua de los niños y niñas y por que se produce. Finalmente trataremos de explicar que podemos hacer los adultos para que ellos lo superen de una forma más rápida y natural.

¿Qué es y por que se produce el miedo?

El miedo al agua no es algo exclusivo de los niños y de las niñas. Sin embargo, es algo que se comienza a ver desde una temprana edad. Por ello asociamos que el miedo al agua es de los niños y niñas y que debemos atajarlo desde que aparece.

A pesar de ello, las personas mayores que han tenido miedo al agua cuando son niños y niños producen una hidrofobia exagerada, mostrando miedo al agua en todas sus representaciones, ya sea en el mar como en la ducha.

El miedo al agua es una aversión generalizada al liquido elemento del agua. Se produce por que la persona ha tenido experiencias negativas con ella. También se produce por una hipersensibilidad, como por ejemplo a las temperaturas.

Por su parte, la talasofobia es el miedo al agua, pero en este caso solamente al mar, la piscina o los ríos, lugares donde la profundidad no es controlada por el niño. Por esta razón los niños y niñas puede tener miedo.

Lo primero, por lo tanto, es ver la causa, si es miedo a la profundidad o miedo al agua como elemento. Lo segundo es ver por qué, ya que como decimos hay una hipersensibilidad, que les hace reaccionar negativamente ante la temperatura, es decir, demasiado frio o demasiado caliente. También esta hipersensibilidad se puede desarrollar a través de los estímulos táctiles del niño.

También debemos ver si el niño o la niña ha tenido una experiencia negativa con el agua. Por ejemplo, si estando en la playa ha bebido agua salada, lo que le produce rechazo. Que cuando se este bañando le haya salpicado jabón en los ojos. Otro ejemplo puede ser la sensación de asfixia que tenemos cuando el agua fluye por delante de nosotros.  

¿Qué podemos hacer ante el miedo al agua en los niños?

Nosotros como pedagogos y expertos en el comportamiento y la psicología del niño les recomendamos que le demos importancia a esta conducta. El tiempo es nuestro mejor aliado, pero no podemos dejarlo pasar.

Conocemos a muchos padres y madres que nos han mencionado este problema. Debido a que ellos se lo han tomado como algo muy malo, les ha sido muy difícil superar la situación, produciéndose un estrés que nosotros debemos controlar.

Lo primero que tenemos que hacer es respetar el sentimiento del niño, su desconfianza al agua y no obligarlo a entrar en el mar o en una piscina. Debemos ser conscientes que es un momento de ocio que no debe ser desagradable para el niño o la niña. En cuanto a la ducha, tenemos que ser un poco más firmes. Debemos buscar alternativas para que el niño o niña tenga una buena higiene. En este sentido, podemos utilizar toallas mojadas, toallitas húmedas o darles una ducha rápida. Sin embargo, debemos saber por que no le gusta el agua para encontrar la solución.

Lo siguiente que debemos hacer es ser compresivos. Enfadarnos con el niño o la niña no es la solución. Tenemos que conseguir que los niños y las niñas vean el agua como un elemento agradable, pero debemos esperar a que lo haga por si mismo. Si es hipersensible debemos templar el agua para que sea agradable para él.

Por último, podemos ayudar al niño o la niña utilizando estrategias para que se introduzca en el agua. Por ejemplo, el juego es muy importante. Desde la psicomotricidad relacional se utiliza el juego para fomentar el aprendizaje. En este caso podemos utilizar esta misma metodología. Si tiene miedo a las profundidades, debemos empezar con espacios pocos profundos para luego ir aumentando.