Niños y niñas que comen chicles en el colegio o instituto. ¿Qué hacemos?

Niños y niñas que comen chicles en el colegio o instituto los vemos a diario. En algunos centros son los equipos directivos los que los prohíben. En otros es el profesorado el que ve fatal que un niño o niña este mascando el chicle mientras imparte su clase.

Otros centros por el contrario lo permiten o los docentes hacen la vista gorda. En este articulo hablaremos de los beneficios que hay en que un niño o niña mastique el chicle durante la jornada lectiva. También hablaremos de lo negativo que tiene esta práctica.

En este sentido también haremos una reflexión sobre si como docentes o pedagogos tenemos que permitirles que consuman chicle en clase. Es importante que diferenciemos si es positivo o negativo poner esa norma.

Beneficios para niños y niñas que comen chicles en el colegio o instituto.

En primer lugar, les hablaremos de los beneficios. De sobra sabemos que el consumo de chicles tiene ciertos beneficios probados por la ciencia para adultos y niños. Sin embargo, tenemos que hacerlo siempre con moderación y respetando lo que se expone en los resultados de estos estudios.

Los datos de un estudio de la asociación internacional de investigaciones odontológicas, concluye que masticar chicle reduce las caries de niños y adultos. Sin embargo, indica que es necesario continuar con las investigaciones para observar cual es el comportamiento en el futuro. Eso sí, para que esto se produzca el chicle tiene que ser sin azúcar.

Cierto es que muchos maestros y maestras pesarán que eso lo pueden hacer en sus casas. Sin embargo, otros estudios también sugieren que masticar chicle reduce los niveles de estrés de los niños y niñas. Es decir, gracias a que mastican chicle el discente puede concentrarse mejor en las tareas que les mandan.

Otro de los beneficios para los niños y niñas es la reducción de la sequedad en la boca. Hay pequeños que tienen la boca seca durante el día y suelen pedir ir a beber agua muchas veces durante el día. Esto hace que haya interrupciones constantes de la clase. Niños y niñas que comen chicles en el colegio o instituto no tienen este problema.

Por último, otro de los beneficios de los que les podemos hablar es de la reducción del hambre que estos provocan. Masticar chicle produce en nuestro cerebro una falsa sensación de saciedad. Los más pequeños tienen que aguantar jornadas de hasta 6 horas sin probar bocado. El hambre es muy mala, y los que no pueden llevar media mañana se les hace el día muy largo.

Inconvenientes para niños y niñas que comen chicles en el colegio o instituto

Pero no todo son cosas buenas. Esta claro que con este apartado es con el que nos quedaremos los docentes, el de las cosas malas. Simplemente por que vemos que es algo no natural que los niños en un aula estén masticando chicle mientras nosotros impartimos la clase.

El inconveniente más usado por los profesores y profesoras esta el del ruido que producen los niños al mascar. No es más que un ruido que hacen cuando son pequeños y mastican juntamente con la saliva.

Por otro lado, también observamos que se quejan de los niños que se meten en la boca uno detrás de otro. Cuando se cansan los pegan debajo de la mesa. Esto es algo inadmisible para ellos y la preocupación por este echo hace que sea más fácil restringir que modelar.

Siguiendo con los inconvenientes, nos encontramos con otro muy común, comer chicle en exceso puede producir problemas estomacales. También se dice que para los niños y niñas cuando le damos un chicle sin azúcar acaba tirándolo rápidamente, porque no mantiene el sabor. Por lo tanto, se derivan hacia los que tienen azúcar, provocando el efecto contrario, es decir, aumentar las caries en la boca.

Otra cuestión de educación. El ser humano tiene la mala costumbre de tirar los chicles al suelo. Estos no son biodegradables. En un colegio o instituto puede ser muy difíciles de limpiar, por eso están prohibidos incluso en la hora del recreo.

Por último, hay que decir que masticar chicle durante largas horas en el colegio o instituto puede ser perjudicial para la mandíbula de los niños y niñas. Hay que pensar que las personas que consumen chicle de forma asidua se pasan horas y horas con ellos en la boca, e incluso empatan uno con otro.

¿Le permitimos el consumo en clase?

Pues bien, expuestas las dos partes, tenemos que concluir esto. Lo haremos desde nuestra experiencia personal, como alumno y como profesor. Lo mejor que podemos hacer a la hora de prohibir o permitir es ponernos en el lugar del otro.

Cuando nosotros éramos alumnos, en primaria no teníamos permitidos masticar nada en el horario de clase. Si los profesores se daban cuenta nos podían echar una buena bronca. Eso no implicaba que no masticáramos algún que otro chicle a escondidas.

En el instituto sin embargo ya si nos permitían masticar chicle, o por lo menos no nos lo prohibían. Al principio comenzó como algo puntual, por que veníamos de un colegio que lo prohibía. Sin embargo, la existencia en el instituto hizo que cada vez tuviéramos más necesidad por echarnos un chicle a la boca. Desayunábamos a las 8 de la mañana y almorzábamos a las 3 de la tarde. Masticar chicle era lo único que nos saciaba.

Pero no era oro todo lo que relucía. Con el tiempo más que un placer se convirtió en una necesidad que debíamos cubrir durante la mañana. Si no teníamos un chicle en la boca nos faltaba algo. Pero sea como fuera, era algo que nos relajaba, nos ayudaba a concentrarnos y nos saciaba el hambre durante el día.

Como docente, vemos que los niños no están preparados para masticar chicle en la clase. Sin embargo, lo hemos dejado como una opción personal siempre educando sobre los beneficios y los inconvenientes. Y utilizamos los limites siempre que lo consideremos.

Por lo tanto, nuestra recomendación es que tu como docente seas el que decida. Teniendo en cuenta lo bueno y lo malo. Lo que te irrita y lo que no te molesta. Solo así podrás estar a gusto en el aula.