Profesora quemada

El profesor quemado. El terrible Síndrome de Burnout.

Estoy cansado de esto, soy un profesor quemado, tengo el síndrome de Burnout, me desespera estar en clase, esto no es lo que yo esperaba cuando empecé a trabajar. Todas las ideas que tenia se han ido por el desagüe. Ojalá que llegue pronto el día de mi jubilación para salir de este infierno que es venir a dar clase.

Estos y muchos más son los pensamientos de algunos profesores y profesoras, que, cansados ya de su práctica docente, ir a trabajar se convierte en un martirio. Pero más allá de este sufrimiento interno, se convierte en un sufrimiento que el alumnado también ve, y como no, aprovecha.

¿Qué es ser un profesor quemado?

Empezando por el principio, el profesor quemado es aquel que esta desencantado con la educación, y se producen una serie de síntomas en él que le provocan que cada día quiera menos acudir a su puesto de trabajo. A este malestar se le conoce científicamente como Síndrome de Burnout.

Se puede pensar que este síndrome solo afecta al profesorado, pero no es así, afecta a muchas de las profesiones, pero en puestos como los de docente se notan mucho más y son contraproducentes para desarrollar su labor de cara al público, es decir, su alumnado.

Este problema en la enseñanza es muy grave, ya que no solo trae consecuencias para el profesor que lo padece, sino también para el alumnado y el centro. Por lo general el profesor o profesora tenia unas expectativas mas grandes lo que iba a ser su labor docente, pero una vez llega a la realidad escolar, se da cuenta de que no será así.

A nivel emocional, psicológico y laboral los van lastrando con el paso de los años, pasando por fases de descubrimiento, aceptación y hundimiento profesional. Con ello los profesores pierden la autoridad dentro del aula y tienen un fuerte deseo de no acudir a su puesto de trabajo.

Son frecuentes los episodios en los que el profesor o profesora pierden el control en su aula. Gritos, niños y niñas que no le hacen caso, desobediencia, castigos, perdidas de horas lectivas, etc.  Es habitual que el alumnado tome el control del aula, y el profesor o profesora acabe perdiendo los nervios.

Trabajador quemado
Síndrome del trabajador quemado

¿Qué dice la OMS sobre el síndrome de Burnout?

Recientemente la Organización Mundial de la Salud, en una reunión llevada a cabo en mayo de 2019, ha aprobado y reconocido al síndrome de Burnout como un trastorno o una enfermedad. Con ello en el numero en el CIE-11 aparecerá como tal, y podremos leer todas las estadísticas que se lleven a cabo en ella.

El CIE-11 es una herramienta fundamental para la sanidad. En el se incluyen los principales problemas de salud mental y es un instrumento esencial para buscar otras patologías psíquicas derivas de estas.

Para ellos es un síndrome resultante de un estrés crónico del trabajo que se realiza y que no ha sido gestionado a lo largo del ciclo vital del trabajador con éxito. Con ello se genera una reducción del rendimiento laboral de las personas y una frustración hacia el trabajo que afecta a nivel personal y laboral.

Además de ello afecta negativamente al estado de salud en general, facilitando la presencia de otras enfermedades. Una de las novedades que se aplican en esta definición es que también se incluyen a las personas que están desempleadas en esta clasificación.

Hasta que aparezca la clasificación y la estadística en el año 2022, se estima que el 10% de la población tiene este síndrome, que odia el trabajo, que no quiere ir a él, y que le esta afectando a nivel emocional, psicológico y laboral.

Tipos de Burnout

A lo largo de la amplia bibliografía que existe sobre el síndrome del empleado quemado, hay muchos autores que los clasifican y que definen los tipos de Burnout. Nosotros nos centraremos en Guillespie (1980). Este autor tiene un interesantísimo artículo, quizás algo anticuado ya, 40 años después, pero que sigue teniendo una gran importancia.

El habla de dos tipos de Burnout. El activo y el pasivo. El activo es aquel que aún mantiene una buena actitud hacia la vida, que busca las soluciones para dar la vuelta a su situación. El culpable para su situación viene de fuera, es decir, de la empresa, de los compañeros, de sus subordinados, etc. En el caso del profesor quemado normalmente el activo le echa la culpa al colegio o instituto, a sus compañeros docentes, a una sociedad que no deja de traer a sus aulas alumnos maleducados, etc.

Por su parte el Burnout pasivo es el que ya esta en la UVI, el más grave de los dos. Se siente mal por la situación y cree que es culpa del, que no podrá hacer nada para solucionarlo y que espera que pronto acabe todo por si solo. Siempre trata de evitar la situación de estrés. En el caso del profesorado, la estrategia más usada por los docentes quemados es la de la baja laboral.

Síntomas del profesor quemado

Los síntomas, aunque fáciles de detectar cuando lo ves desde fuera, son complicados de apreciar cuando te ocurren a ti mismo. Partiendo de esta base, hay que decir que se producen varios aspectos fáciles de identificar.

El primero, y más importante, es que ya no le vemos deseo ni disfrutamos yendo a trabajar. Que eso es lo que le pasa a la mayoría de las personas si, pero los docentes y profesionales de la educación tenemos una vocación. Cuando elegimos la carrera universitaria que queríamos estudiar, teníamos una clara apetencia por la educación. En nuestros primeros años disfrutábamos intentando implementar cosas que salían y cosas que no salían. Pero pasado un tiempo ya no estamos tan deseosos de probar cosas nuevas. Este puede ser el primer síntoma, la inapetencia por ir a trabajar.

Otro profesor quemado
Todo son pensamientos negativos

El segundo síntoma tiene que ver con como vemos a los alumnos. ¿Los vemos con placer o los vemos con indiferencia? Como es nuestra actitud con ellos marca un punto de partida radical. Si estamos todo el día enfadados con ellos, si no soportamos su presencia y si nos da igual que aprendan o no aprendan, eso puede ser un síntoma muy claro.

Otro síntoma puede ser nuestra relación con los compañeros y nuestras verbalizaciones. Cuando todos los compañeros son malos y nos caen mal, y solo hablo con ellos para decirles que lo hacen mal, quizás sea un síntoma de que “yo no estoy bien”.

Cuando vemos que a nivel emocional no estamos bien, tanto en lo personal como en lo profesional, también tendríamos que plantearnos que esta pasando. El sentirme un inútil que no sabe llevar la situación es otro síntoma clave para saber que estamos quemados.

Soy un profesor quemado. ¿Cómo lo soluciono?

Si has consultado otros sitios web, veras que todos te dan soluciones un poco así, que están bien, pero que no se yo si te pueden servir de mucho. Gestionar el estrés, por ejemplo, es adecuado, claro que sí, la cuestión es como hacerlo cuando tengo un aula con 30 niños y niñas gritando.

Profesor quemado 4
Hay que acabar con el automachaque

Otras paginas hablan de la prevención como la principal arma contra el Burnout. Muy bien, la prevención, pero yo ya estoy quemado, como prevengo ahora. Estamos pidiendo ayuda para lo que nos esta pasando ahora, no para prevenir lo que nos ha pasado.

Otros profesionales hablan de involucrar a los padres en nuestros problemas. Pedirle a otra persona de una sociedad en la que vivimos centrados en nuestro propio deseo que nos ayude a controlar a sus hijos. Un poco difícil ¿no? Quizás esta solución por banal la podemos ir descartando.

También otros hablan de cambiar nuestra visión de la noche a la mañana, así por arte de magia. No amigos, no es posible, estamos quemados por alguna razón, no podemos tapar el fuego con paja, por que acaba ardiendo todo.

Por último, están los que hablan de que deberíamos hablar con los alumnos para que no nos machaquen. Vale, este razonamiento es muy bueno, cuando el banco nos quiera quitar la casa, hablaremos con ellos para que no nos la quiten sin pagar. Cuando un niño no se quiera aprender las tablas de multiplicar, hablaremos con el y lo hará… Y así con todo. Quizás la solución no este en los demás. No es tan banal como eso.

Entonces… ¿Qué soluciones hay para no ser un profesor quemado?

Vale, teniendo en cuenta esto, no voy a ser tan superfluo. Está claro que la solución está en nosotros mismos. Primero hay que reconocer que estamos quemados, no engañarnos más. Dejar de decir no a todo, que si no están educados, que si no son buenos, que si no quiero trabajar, etc.

Lo segundo, y mi recomendación más sensata es pedir ayuda psicológica. Desde hace tiempo existe un tratamiento psicológico del Burnout. Que ayuda en todo esto. Es una terapia muy buena con mucha efectividad. Yo no soy psicólogo ni se que beneficios produce, pero por lo que nos han contado es muy buena. Un ejemplo de estas terapias lo podemos ver en esta web, especializada de psicólogos de Madrid. Otro ejemplo es esta psicóloga de Tenerife. Probablemente en cada país, en cada provincia, en cada pueblo haya psicólogos especializados.

Creo que tenemos que empezar a comprender lo que nos pasa de una manera global, para luego entenderlo de una forma específica. Centrados en lo que podemos hacer en nuestra aula.  La educación es una de las profesiones más bonitas. No podemos abandonarnos así y perder la oportunidad de disfrutarla.

No debemos tener vergüenza a ir a un psicólogo, muchos son geniales, caros, pero geniales y nos ayudan tanto como un profesor a sus alumnos. Por ello desde nuestro punto de vista es la solución general ideal.

Luego de pasar por ahí, podemos pensar en cambiar metodologías, hacer clases mas prácticas, utilizar pizarra digital, formar grupos, etc. En definitiva, cambiar los modelos educativos y la visión que tienen los alumnos de nosotros. Al fin y al cabo, cada año vienen a nuestra aula nuevos alumnos y alumnas y es una oportunidad para cambiar su visión y la nuestra. Pero para que todo funcione bien, primero tengo que estar bien yo.

Síndrome del profesor quemado en pdf

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Bibliografía.

Guillespie, D.F. (1980) Correlates for active and pasive Burnout? Journal of Social Service Research. 4(2). 1-16

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